Ecce gratum

¡Bah! Hagamos todas las muecas imaginables

Prólogo

Este blog plagia a Rimbaud cuando habla de las muecas imaginables. Rimbaud, Kerouac, lectura tras lectura, uno tiene que insistir. De otra forma no es posible. Colecciono traducciones de Rimbaud desde el 94. Todas diferentes y confusas. En manos del experto, dependo de sus mas insensatas costumbres, preferencias estrambóticas, la falta de sexo.

Mi favorito es el texto de abajo, una autentica delicia.

 

Prólogo

I

El sol era todavía caliente; no obstante, apenas aclaraba la tierra; al igual que una antorcha colocada ante las bóvedas gigantescas no les ilumina mas que con una débil claridad, asi el sol, antorcha terrestre, se extingue dejando escapar de su cuerpo de fuego una ultima y débil claridad, dejando no obstante ver todavía las hojas verdes de los árboles, las pequeñas flores que se mustian, y la cima gigantesca de los pinos, los álamos y las encinas seculares. El viento refrescante, es decir, una brisa fresca, agitaba las hojas de los árboles con un zumbido mas o menos semejante al ruido de las aguas plateadas del riachuelo que corría a mis pies. Los helechos curvaban su frente verde ante el viento. Me dormí no sin antes beber del agua del riachuelo.

II

Soñaba que… habia nacido en Reims, el año 1503.

Reims era entonces una pequeña ciudad o, mejor dicho, un burgo famoso a causa de su hermosa catedral, testigo de la coronación del rey Clodoveo.

Mis padres no eran muy ricos; pero si muy honrados: tenían por toda fortuna una casita que siempre les había pertenecido y que ya estaba en su poder veinte años antes de que yo naciera y además unos millares de francos a los que habría que añadir, todavía, algunos escasos Luises procedentes de las economías de mi madre.

Mi padre era oficial de los ejércitos del rey. Era un hombre alto, flaco, de negra cabellera, barba, ojos y piel del mismo color. Aun cuando no tuviera mas, cuando yo nací, que 48 o 50 años, representaba unos 60 o 58. Era de un carácter vivo, ardiente, colérico a menudo, que no quería soportar nada que le desagradara.

Mi madre era distinta: mujer dulce, tranquila, se asustaba por muy poca cosa, y sin embargo mantenía la casa en un orden perfecto. Era tan tranquila, que mi padre se divertía con ella como si fuera una muchacha. Yo era el mas querido. Mis hermanos eran menos gallardos que yo; pero mayores. A mi me gustaba poco el estudio, es decir, aprender a leer, escribir y contar. Pero si se trataba de arreglar la casa, cultivar el huerto, hacer recados, sea en buena hora: eso me gustaba.

Me acuerdo que un día mi padre me había prometido veinte sueldos si le hacia bien una división; comencé, pero no pude terminar ¡Ah!, cuantas veces me ha prometido monedas, juguetes, golosinas, incluso una vez cinco francos si lograba leerle alguna cosa. Pese a ello, mi padre me puso a la escuela desde que cumplí los diez años ¿Para qué –me decía yo- aprender griego o latín? No lo comprendo. En fin, ¿qué falta hace? ¿Qué me importa a mi que me aprueben si el que te aprueben no sirve de nada en este país? Si, claro, te dicen que obtendrás un puesto si estas aprobado. Yo no quiero ningún puesto: seré rentista. Y aun cuando lo quisiera ¿para que aprender latín? Nadie habla esta lengua. Algunas veces lo veo en los periódicos; pero, gracias a Dios, no voy a ser periodista ¿Para que aprender historia y geografía? Es verdad que es necesario saber que Paris esta en Francia, pero nadie pregunta a que grado de latitud. De la historia, aprender la vida de Chinaldon, de Nabopolasar, de Dario, de Ciro y de Alejandro, y de sus demás compadres notables por sus nombres diabólicos, es un suplicio.

¿Qué me importa a mi que Alejandro haya sido celebre? Que me importa… ¿quién sabe si los latinos hayan existido? A lo mejor es una lengua inventada; y aun cuando hayan existido, que me dejen ser rentista y se guarden su lengua para ellos ¿qué mal les he hecho yo para que me impongan tal suplicio? Y pasemos al griego. Esta sucia lengua no la habla nadie, ¡nadie en el mundo!…

¡Ah! ¡mecachis de contramecachis! ¡diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de clase ¡caramba!

Para ser limpiabotas, para ganar un puesto de limpiabotas, hay que pasar un examen; pues los puestos que os ofrecen son de limpiabotas, o porquero o boyero. Gracias a Dios, no quiero nada de eso ¡canastos! Además os hinchan a mojicones por toda recompensa; os llaman animal, cosa que no es verdad, pedazo de hombre, etc…

¡Ah! ¡recanastos!

 

La continuación próximamente

ARTHUR

                              

No digas tonterías, hombre, sé perfectamente que no has venido a verme exclusivamente porque quieras ser escritor, y además lo único que sé de eso es que hay que dedicarse a ello con la energía de un adicto a las anfetas
Jack Kerouac :: On the Road

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